Sufrió un incidente vial en un remisse: nunca más pudo subirse a un auto de alquiler

Foto archivo de Internet
Un pasajero que protagonizó un incidente vial en Cinco Saltos mientras viajaba en un remisse será compensado económicamente. Un primer fallo le reconoció las lesiones psíquicas y de índole moral. En la apelación, la sentencia fue confirmada sobre la base de la pericia: el damnificado no pudo afrontar ningún otro viaje.

 

El caso tiene la particularidad de que el hombre también era remisero. Circunstancialmente ese día no estaba trabajando al volante y entonces decidió viajar como pasajero. El coche pretendió ingresar a Cinco Saltos desde la ruta 151, giró a la izquierda y colisionó con otro auto que se movilizaba en sentido contrario.

 

El pasajero sufrió una fractura de clavícula, aunque esa lesión no le provocó incapacidad alguna. De todas formas, el hombre demostró daño psíquico y daño moral. Por esos rubros se fijó una indemnización monetaria que busca compensar las consecuencias del incidente vial. 

 

Las personas condenadas son el conductor del Chevrolet Prisma, que a su vez era el propietario del coche junto con una mujer. La sentencia también alcanzó a la compañía aseguradora en la medida de la póliza.

 

Tanto los propietarios como la aseguradora apelaron. Pero no lograron revertir el fallo de primera instancia. El tribunal que revisó las actuaciones confirmó la sentencia y puso énfasis en la pericia psicológica. Ese estudio demostró que el hombre afrontó una dificultad para volver a subirse a un remisse, tanto como conductor y como pasajero.

 

Surge del expediente, que el pasajero se movilizaba por la ruta 151 en ese Prisma. El conductor pretendió ingresar a Cinco Saltos por el acceso de la calle General Paz. Un Renault Logan circulaba por la misma vía, en sentido contrario.

 

Como el Prisma giró a la izquierda sin tomar los recaudos, se interpuso en la marcha del otro coche. La pericia accidentológica demostró la responsabilidad del chofer demandado por la maniobra indebida. Debía esperar en la banquina, con la luz de giro, hasta que la ruta estuviera despejada.