La trabajadora sexual atacada en la zona roja pide ayuda por miedo a represalias

Publicado el: 13 de mayo de 2018 | Por:

Las heridas en la mano de Jesica Veloso

 

 

La mujer trans atacada en la madrugada del sábado se recupera favorablemente en una sala intermedia del Hospital Zatti. Contó a este medio cómo fue el ataque y asegura que tiene miedo de sufrir represalias. Pide una ayuda al Estado considerando que no podrá trabajar por varios días.

Jesica Veloso es la mujer trans que trabaja en la denominada zona roja y que en la madrugada del sábado fue brutalmente golpeada por un grupo de personas entre las cuales hubo un hombre que la apuñaló a 6 centímetros del corazón. Salvó su vida de milagro.

En una de las salas intermedias del Hospital Zatti, Jesica recibió a un cronista de este medio y contó cómo sucedió el ataque. Envuelta en una frazada, sentada sobre la cama, concedió la entrevista a este espacio y dio detalles de lo sucedido.

Se presumen que una discusión con una joven de 17 años fue el motivo del ataque a Jesica, ya que la trabajadora sexual que suele esperar a sus clientes en la plataforma donde estacionan camiones frente a la Estación de Servicios, le había planteado a la menor que no quería que este más en esa zona para evitar robos.

 

Minutos después del intercambio de palabras, Jesica se vio rodeada por un grupo de personas y en cuestión de segundos estaba tendida sobre el suelo tapándose la cabeza y la cara, pero no pudo evitar las patadas que se prolongaron por varios minutos sobre la espalda y estómago.

Como si las patadas no fueran pocas, las palabras se disparaban de la boca de alguno de los atacantes que acompañaban cada golpe con un agravio. “Toma puto de mierda”, fueron las palabras que a Jesica le quedaron grabadas cuando recibía los golpes.

La violencia se prolongó durante varios minutos, Jesica estima que fueron alrededor de diez hasta que recibió la puñalada en la parte alta de las costillas, exactamente a seis centímetros del corazón. Las manos evidencian el ataque a cuchillazos, ya que cuando sintió la herida comenzó a cubrirse con sus puños para evitar seguir siendo apuñalada. Tiene cicatrices en sus dedos que muestran lo violento del ataque.

La trabajadora sexual tiene miedo de volver a la zona del ataque. Una posible venganza es lo que inquieta a Jesica de que vuelva a suceder algo similar, por lo que no sabe cuándo podrá volver a seguir trabajando y sustentarse por sus propios medios.

Una ayuda estatal es lo que pide ya que al recibir el alta no sabrá donde quedarse, considerando que en el seno familiar no podrá estar por una pelea con uno de sus hermanos y en la precaria casilla que habita en el barrio 30 de Marzo no considera que es el lugar apropiado para sobrellevar los días venideros.

El Consejo Provincial de la Mujer le ofreció ropa a través de la visita de una mujer que le dejó un papel con un número anotado, por si necesitaba algo más. Desde la Oficina de Atención a la Víctima de Fiscalía también la visitaron y le dejaron otro papel con un número, ninguna de las mujeres tuvo en cuenta que le robaron el celular junto a la cartera.

Un recurso económico es lo que le llevará tranquilidad a Jessica ya que considera que por un tiempo no podrá salir a trabajar por miedo a represalias. Por ahora se encuentra hospitalizada con una custodia policial que vigila el ingreso de personas a la habitación dándole una sensación de seguridad, pero una vez que ponga un pie afuera del hospital hay que ver cómo sigue su vida.

 

 

 

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