Crímenes Capitales: El disparo al corazón que terminó con la vida del Sargento Quiriban

Publicado el: 6 de enero de 2017 | Por:

 

Graciela León

 

El 26 de Abril del 2000, el Sargento Quiriban fue asesinado de un tiro en el barrio Guido. Fue un día que quedo grabado a fuego en la mente de Graciela León, qué desde ese día se convirtió en la viuda del policía ultimado por un menor de edad, hoy conocido como el Chanchy Becerra.

Una bala disparada en una noche de abril generó esta entrevista 16 años después. Reflexiones sobre cómo se accionó en aquella época y que sucede en la actualidad. No mucho cambió en materia de aplicaciones de leyes, las historias se repican una y otra vez y las víctimas se cuentan como números, muchas veces olvidadas por la sociedad, pero permaneciendo vivas en los corazones de sus familias.

“Un día que jamás se va de mi mente y no se va a ir nunca, ni de la de mis hijos y seres queridos tampoco”, contó Graciela sobre esa noche en la que recibió la última comunicación telefónica de parte de su marido, quien habitualmente le avisaba cuando emprendía el camino a su casa, eran alrededor de las 21.30 horas.

“De repente escucho un disparo, no queriendo reconocer que era un disparo, en mi mente me dije –“era un cuete”. A los pocos segundos me golpean la puerta de mi casa diciéndome que mi esposo estaba tirado en el piso, que lo habían baleado”, recordó Graciela rebobinando desde su actualidad al pasado, 16 años atrás.

La mujer bajo inmediatamente del departamento donde vivían en la Escalera 4 y vio que el cuadro de situación era muy grave. “Estaba tirado en el piso y el socorro llegó tarde. Prácticamente llegó sin signos vitales al nosocomio. A las 23 horas ya había fallecido”. El ataque a Quiriban se dio momentos después de la comunicación con su espora,  alrededor de las 21.40 horas.

“Tratamos de salvarle la vida pero fue algo imposible, porque fue algo muy certero, un disparo directo al corazón. No se pudo hacer nada”, contó Graciela sobre esa fatídica noche.

 

 

La despedida:

El dolor, la impotencia y el acompañamiento de la gente se hicieron notar en aquellos años. Una triste postal que se iba a repetir con otras muertes de policías en Viedma, como el caso de Andrés Lucanera, de Diego Andrade y de otros que vistieron el uniforme azul.

Graciela nunca más vio un sepelio y entierro como el de su marido. “Hubo tanta multitud, tanta gente que realmente vi, en mi inconciencia cuando íbamos al cementerio lo único que veía era gente, gente y gente, un mundo de gente en mi ciudad. Jamás había visto una cosa así y no lo volví a ver así”.

Comenzaron las marchas pidiendo justicia y tres convocatorias sirvieron a la familia de Miguel Quiriban para darse cuenta que iban a ser acompañados por la familia, los amigos y camaradas del policía caído. “Hasta el día de hoy, Miguel es muy bien recordado por sus camaradas”, esbozó Graciela entre el dolor y el orgullo de la imagen de persona que dejo su marido en el paso por la institución policial.

 

Sobre Becerra

Quien disparó el arma aquel 26 de abril era un menor de edad y tras ser demorado por la policía la justicia lo derivo a un lugar de menores en General Roca. “De ahí se escapó, siempre se vive escapando”, reflexionó Graciela sobre los comienzos de Becerra en la delincuencia y su actualidad ya que se encuentra prófugo e imputado en la causa del incendio al Juzgado de Instrucción Nº 4 de Viedma.

Graciela nunca quiso mantener dialogo con Becerra ni con nadie de la familia del homicida. “No estaba preparada para eso, quizás ahora podría charlarlo, pero no estaba preparada para eso, ni con él, ni con la familia ni con nadie, dijo y agregó que Becerra nunca dio muestras de arrepentimiento. “Si vive como vive nunca se arrepintió de nada, al contrario está muy convencido de la vida que lleva.

 

Una justicia injusta

Tres años espero la familia de Quiriban para tener la sensación de que se hizo justicia. Una sensación extraña por el tiempo que le tocó a Becerra cumplir tras las rejas por arrancar una vida de la sociedad.  “Durante mucho tiempo no pude llorar. Ese día me llore la vida creyendo que iba a tener la paz, la justicia que yo necesitaba”, rememoró Graciela dejando en claro que ella consideraba que “fue justicia”.

“Lo único que me quedo en ese momento es la justicia, si bien se hizo justicia en base a las pruebas que se dieron, para mí fue injusticia porque no tenemos las mismas posibilidades, a Miguel le sacaron la vida de una, pero él siguió y hasta el día de hoy sigue con su vida, con sus formas”, reflexionó Graciela con el saldo de 16 años de conocerle historias delictivas a Becerra, quien de alguna manera inició su punto de partida asesinado a Miguel Quiriban.

Desde la experiencia que le tocó vivir, desde el lugar en el que la vida la obligó a estar, Graciela opinó sobre la tan polémica sociabilización de internos desde los penales a la sociedad. “No tienen ningún tipo de preparación, por lo menos en este caso, lo sigo viendo, salen para seguir delinquiendo, siguen siendo delincuentes y ojala que ni vuelva a ser asesino de vuelta, sería muy triste que por lo que lo condenaron no le sirvió para nada”.

 

Esa constante sensación de peligro

Tras la pérdida Graciela comenzó a darse cuenta de muchas cosas, pero destacó el peligro por sobre otras cuestiones. Ya en el año 2000 la sensación de miedo se volvía latente para familiares de las víctimas.

“A los dos días que falleció mi esposo, me di cuenta que estaba sola y el peligro que había en nuestra sociedad. Yo siempre me sentí muy protegida por él”, contó la mujer recordando que tenía 35 años en aquel duro golpe que le tocó vivir.

“Hoy en día me siento muy triste por lo que veo en Viedma. Veo que se mata gente. Para primero de año tuvimos tres muertes, por favor basta, de dónde sacamos tanta violencia. Veo chicos muy jóvenes que pierden la vida, consumidos en el alcohol, en la droga”, reflexionó.

Cambio de leyes

“Pido que los menores no sean impunes, urgente tiene que haber un cambio de leyes. Que haya programas de contención para los jóvenes, no quiere decir que los adultos no estén incluidos en el pedido, pero uno clama por lo que más quiere, es la sociedad del futuro”, reflexionó Graciela sobre un tema que actualmente se debate en el plano nacional, la baja en la edad de imputabilidad de menores.

El crimen del Sargento Miguel Quiriban es un caso que causó conmoción en la comunidad, por aquellos años no se acostumbraba ni naturalizaba los homicidios que fueron incrementándose en la Capital de Río Negro con el paso de los años.

En la actualidad, al nombrar ese apellido se recuerda a una gran persona que hoy se prolonga a través de sus hijos, algunos de ellos policías que visten el uniforme con los mismos principios que su padre.

 

 

 

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